Últimos acontecimientos, unidos a posibles decisiones políticas, han impulsado actuaciones de colectivos sociales, de instituciones y de particulares sorianos, que a pesar de sus diferencias han tenido un denominador común: Soria y sus ciudadanos tienen derecho a disfrutar de los niveles de desarrollo y de los servicios públicos de otros territorios españoles. Conviene recordar que seguimos siendo una provincia despoblada y desfavorecida que sigue teniendo un presente comprometido, pero que aspira, porque cree en sus potencialidades, a un mejor futuro. Hace más de seis años, en una entrevista publicada en este diario señalaba y así se puso cómo titular, que Soria tenía un mal presente pero podía tener un mejor futuro. Desconozco si por coincidencia, réplica u otras cuestiones, salió inmediatamente un artículo subrayando las bondades y el gran nivel de aquel presente soriano, gracias a ciertas actuaciones políticas. Hoy seguimos estancados demográfica y económicamente y por ello afirmo una vez más que el presente soriano no es bueno, peor que el de otros territorios españoles y no sólo por los efectos de la crisis, pero seguimos confiando en el futuro.
Contamos con recursos capaces de afrontar un desarrollo rural multifuncional en el que una actividad agraria innovadora, que tradicionalmente ha dominado en numerosos territorios provinciales, conviva con una gestión forestal eficaz, rentable y competitiva, con una industria de calidad y con unos servicios en los que el turismo cultural juegue un papel cada vez más importante. Contamos con un compromiso social que cada vez va siendo más fuerte; aunque lentamente, se va venciendo el conformismo, la apatía y la sumisión que nos ha caracterizado durante décadas. Por la propia evolución del mercado, del nivel de vida de nuestra sociedad y por las transformaciones culturales acaecidas, territorios como el soriano van adquiriendo externamente percepciones positivas, muy diferentes a las que dominaban en los años del tantas veces denominado desarrollismo español.
El nivel de formación de nuestros jóvenes es alto y se ha ido configurando un tejido empresarial local importante, alejado en general de procesos especulativos y más vinculado al pequeño y mediano EMPRESARIO que reinvierte y trabaja en Soria, para mantener un nivel de empleo y de calidad en sus productos, acorde con la evolución de la demanda, sin perder su visión del beneficio justo. El diálogo empresa, trabajadores y sindicatos en Soria han sido positivo en líneas generales, lo cual es testimonio de la responsabilidad y del compromiso de cada una de las partes. Como sociedad no estamos en un alto grado de perfección, por mi compromiso y trabajos por mi tierra me integro en ella y somos conscientes que tenemos que mejorar en muchos aspectos, pero algo se ha avanzado.
Sin embargo, Soria sigue sin configurarse como un territorio competitivo: la inversión externa es muy escasa, seguimos siendo periferia de una comunidad Autónoma que tampoco destaca en el Estado español por su nivel desarrollo, jóvenes formados siguen sin encontrar empleo, carecemos, y no es contrasentido, de mano de obra preparada para ciertas actividades, no siempre la formación va acorde con las necesidades económicas; numerosos recursos no se transforman o en ocasiones sus procesos son inadecuados, nuestros niveles de accesibilidad y de conexión, tanto terrestre como en red, con otros territorios peninsulares son muy deficientes y nuestra inserción en la economía global alcanza niveles testimoniales. Soria, a pesar de las transformaciones acaecidas en los últimos años, no ha conseguido una convergencia con otros territorios del Estado y sigue destacando por ser una provincia despoblada, de hecho no ha recuperado sus efectivos demográficos de 1900, que a nivel provincial alcanzaban la cifra de 150.562 habitantes o los de 1950 que llegaron a los 161.182, ni sus actuales habitantes tienen la calidad de vida, entendida en relación con los servicios públicos, esencialmente sanitarios, educativos y culturales, que se disfrutan en otros territorios.
Muy pocos lugares en el mundo participan y sobre todo protagonizan los grandes procesos globales que hemos calificado, en algunas publicaciones, como muy selectivos territorialmente. Como muy bien señalaba el gran geógrafo brasileño Milton Santos se desencadena, con cierta frecuencia, “una guerra de lugares “a efectos de canalizar, mantener o impulsar inversiones, cuyos efectos más visibles son la creación, el mantenimiento o la deslocalización de empresas”.
Son muy complejos los factores que explican la selección territorial por parte del capital, ya que depende mucho de la naturaleza del proceso de producción, actualmente unido a un modo flexible; de hecho los ‘centros rectores’ en el mundo actual, localizan las sedes de las grandes empresas, controlan el beneficio de su capital, a veces creado en lugares muy apartados, la investigación y la innovación y por supuesto la industria más tecnológica y avanzada y los servicios a la producción.
Los denominados ‘centros dependientes’, con características muy diferentes acordes con su nivel de desarrollo, asumen los distintos procesos de producción o como señala la socióloga Saskia Sassen, simplemente no interesan a la globalización o no cuentan para sus procesos más productivos, aunque esta afirmación habría que matizarla.
Por ejemplo, muchos conflictos bélicos ubicados en mundos muy marginales están alimentando una industria de armamento o el propio desarrollo utiliza el subdesarrollo para sus propios beneficios, ya que sus derechos humanos con frecuencia son mínimos y por supuesto los ambientales nulos.
Admitiendo la existencia de una jerarquización de lugares en la globalización económica, así como los grandes desequilibrios que genera, situándose el mundo industrializado a la cabeza, con sus sistemas metropolitanos, las regiones industriales y las turísticas y que son muy complejos los factores de la competitividad territorial, sin embargo podemos identificar aquellos que se repiten con mayor frecuencia y que aparecen en relación con las exigencias de diferentes procesos económicos globales o con aquellos más locales, que a su vez conectan con lo global. Nos referimos a los recursos humanos cualificados, a un tejido empresarial de base local y a las infraestructuras.
En un estudio que dirigí en mi Universidad a efectos de analizar la internacionalización de la economía madrileña, mediante una encuesta en profundidad a 33 empresas multinacionales, se destacaban como puntos fuertes de un territorio para la atracción de capital, los siguientes: acceso a mercados, cercanía de centros políticos y financieros, presencia de empresas afines, dotación de infraestructuras y grado de cualificación de sus recursos humanos. Detectamos a través de una investigación rigurosa y comprobada empíricamente, que el capital humano, tanto mano de obra, como empresarios y las infraestructuras, deben formar parte de cualquier estrategia de desarrollo. Sus niveles óptimos no los genera el mercado, dependen de la eficacia de las políticas públicas desarrolladas, en el caso español, tanto a nivel estatal como autonómico y por supuesto comunitario.
Curiosamente en la era de la globalización en la que el mercado parece impregnarlo todo, quienes trabajamos y analizamos sus procesos, cada vez nos sentimos más identificados con la importancia que tienen las políticas públicas como correctoras y equilibradoras de procesos económicos, tanto a nivel territorial, como social. Un territorio que carezca de una buena accesibilidad y por ello quede a modo de isla respecto de los centros dinámicos, que no cuente con unos recursos humanos preparados y capaces de afrontar retos laborales innovadores y que carezca de una verdadera clase empresarial implicada en el desarrollo, difícilmente tendrá futuro. Esas estrategias necesariamente tienen que formar parte de políticas eficaces, comprometidas socialmente, responsables con el gasto público y vinculadas a una solidaridad y equidad territorial.
Soria, constituye un territorio que precisa de unas políticas públicas en la línea señalada, para converger progresivamente con otros lugares más desarrollados de nuestro Estado o de nuestra Comunidad Autónoma. Sus problemas no los resuelve el mercado y si queremos alcanzar la competitividad territorial que exigen los actuales procesos, tanto globales como locales, resultan imprescindibles el compromiso y las acciones políticas tanto por parte del Estado como de la Comunidad Autónoma, respecto de la situación de sus infraestructuras, la dotación de servicios de calidad acordes con una ordenación territorial coherente y eficaz, la formación de recursos humanos y dentro de ella el fomento de la formación permanente vinculada con las exigencias de las nuevas actividades y el incentivo del empresariado local, apoyando a jóvenes y mujeres, lo cual no excluye al inversor externo.
Soria, por primera vez, fue reconocida a nivel de Estado como un territorio -problema, que precisaba una atención especial por parte de las políticas públicas. Se recibió con gran esperanza y satisfacción su plan Especial, ya que se hacía un reconocimiento público de su marginación secular, de la evasión de su ahorro hacía otros lugares que sí recibieron el impulso del gobierno de cada época y de la pérdida de su capital humano, por una emigración forzada, ante la falta de posibilidades económicas. Se empezaba a crear una conciencia de necesaria solidaridad con unos territorios que contribuyeron al desarrollo de otros y que no habían conocido, en la democracia, la restitución de sus mayores pérdidas durante la dictadura.La sociedad soriana entendió que era el contexto idóneo para ir solventando una parte de nuestros graves problemas, caso de la falta de accesibilidad y conexión con otros territorios, a partir de unas políticas públicas.
En un principio se iban cumpliendo nuestras expectativas, pero la crisis económica, con los recortes presupuestarios que necesariamente deben realizarse, para ir paliando sus efectos e ir creando un modelo económico más productivo y competitivo globalmente, que nos permita el desarrollo de políticas sociales y territoriales más justas, nos genera incertidumbre y desconfianza. Somos solidarios con muchas de sus medidas pero cuesta aceptar nuestra permanente invisibilidad. No fuimos considerados en los tiempos de bonanza y no nos resignamos a ser los últimos, de nuevo, en los momentos actuales. Las infraestructuras de transporte, tal y como hemos considerado, constituyen un factor de competitividad territorial, si bien es verdad que no el único. Su sola presencia no contribuye al desarrollo, pero su ausencia lo limita sustancialmente. Soria, junto con Teruel, como ya quedó demostrado en el estudio previo al PEIT, constituían las capitales de provincia de peor accesibilidad de todo el Estado. Soria que tiene una posición privilegiada respecto de importantes territorios desarrollados, somos encrucijada entre el Norte y Madrid, así como respecto de los ejes del Duero y Ebro, por nuestras deficientes comunicaciones, se convierte en un territorio-isla o “sombra”.
Ello repercute negativamente en nuestras posibilidades de desarrollo pero también en la vertebración territorial española y en la eficacia de nuestro transporte. Por ejemplo, la “Vía Michelin”considera el trayecto más adecuado entre Madrid y Pamplona aquel que pasa por Burgos y Logroño, ya que para una distancia de 451 Kms., calcula un tiempo de 4 horas 32 minutos. Si el transporte se hiciera por Medinaceli y Soria, con un menor distancia, 400 Kms., se emplearían 4 horas 39 minutos. La opción primera también tiene en cuenta la seguridad de una autovía. La accesibilidad está afectando negativamente a la economía de la provincia de Soria, pero también a la de otros territorios, lo cual debe ser considerado a la hora de tomar ciertas decisiones políticas, aún en momentos críticos y no sustentarlas en indicadores aislados, caso de la Intensidad Media Diaria en vehículos-día, ya que una vía rápida, por tiempo y seguridad, canaliza el tráfico que normalmente debería circular por trayectos tradicionales si estuvieran en las mismas condiciones.
Por el contrario se precisan análisis en profundidad de efectos en cadena que pueden llegar a ser irreversibles. En el momento actual los mínimos kilómetros de autovía que tiene nuestra provincia, no conectan con otras vías rápidas, luego no resuelven el problema de accesibilidad y conexión con otros territorios.
Nuestro discurso, de hecho, queda recogido en los objetivos del PEIT, puesto que pretendía crear una red en malla a efectos de romper la radialidad e ir articulando y conectando todos los territorios del Estado, mejorando la accesibilidad internacional, así como fortalecer la cohesión y el equilibrio territorial, para evitar transferencias regresivas de red, es decir que la renta generada en los territorios menos dinámicos se invierta en los más avanzados.
La inquietud que existe en Soria sobre la repercusión de la crisis en los recortes presupuestarios y por ello en el desarrollo de las infraestructuras ya comprometidas, debe ser despejada por parte del Gobierno Central. Para ello, debe presentarse a la sociedad soriana por los responsables políticos, un calendario que concrete tiempos y tramos, respecto de las dos vías rápidas que pretenden conectar Madrid- Pamplona y el eje del Duero- Ebro por Soria. Asimismo sería conveniente centrar posiciones en lo concerniente al transporte por ferrocarril; de nuevo en el Plan presentado por Fomento para duplicar el transporte de mercancías por tren, el territorio soriano sigue “en sombra”. La exigencia de una política pública que contribuya a crear un territorio en Soria más competitivo a partir de las infraestructuras, se sustenta en lo siguiente:
- El compromiso del Gobierno Central con Soria por su reconocimiento como territorio desfavorecido que precisaba una atención especial y por ello unas inversiones específicas.
- Que difícilmente podremos salir de nuestro ostracismo sin mejorar nuestra accesibilidad con otros territorios. Las infraestructuras son uno de los factores de competitividad territorial.
- Marginar Soria incidiría de forma negativa sobre otros territorios, al desviarse, como ya está sucediendo, tráficos actuales. La red mallada prevista en el PEIT quedaría incompleta, permaneciendo territorios “sombra”.
- Asimismo se incumple la política de cohesión y equilibrio territorial.
- Mejorar la accesibilidad de Soria implicaría captar progresivamente tráficos de largo recorrido e ir paliando problemas actuales de congestión en la frontera francesa.
Ahora bien, como hemos señalado, una estrategia de desarrollo que permita modificar nuestra actual estructura económica, apostar por actividades productivas e innovadoras, impulsar con eficacia el desarrollo rural y en definitiva crear empleo y riqueza, incluso en un periodo complejo y difícil, exige otras actuaciones. Mejorar los equipamientos y los servicios sanitarios, educativos y culturales, adaptar los equipamientos de los “centros rectores” de nuestra provincia a las exigencias del nuevo modelo productivo, definir una ordenación del territorio eficaz, incentivar al empresariado local y detectar los nichos de empleo para garantizar una población formada, son aspectos a considerar al mismo nivel que las infraestructuras. Completan una estrategia de desarrollo a efectos de crear un territorio competitivo y también requieren de unas políticas públicas que también debería desarrollar nuestra Comunidad Autónoma.
Los recortes presupuestarios también afectan al Gobierno de Castilla y León y por ello se justifican menores inversiones en patrimonio, en la sanidad, en el ámbito rural a partir de las disponibilidades de los Grupos de Acción local, en la universidad y en general en los equipamientos de los municipios que ejercen un papel de cabeceras de comarca, por citar algunos de los campos que últimamente han tenido efectos sobre nuestra provincia. Mantenemos el mismo grado de comprensión que para el Gobierno Central, pero también debemos aplicar las mismas exigencias y reclamar para Soria un tratamiento especial.
Somos la periferia de nuestra Comunidad y no hemos visto la transformación que requería nuestro territorio, cuando éramos región de objetivo 1 y recibíamos los fondos estructurales acordes con ello, por parte de la Unión Europea. Al mismo tiempo que se justifican recortes, se observan inversiones difícilmente comprensibles en la denominada Ciudad del Medio Ambiente.
Ya en el año 2006 realicé en tiempo y forma las alegaciones que entendía debía presentar, con el único afán de mejorar una idea que bien llevada podía ser innovadora en nuestro Estado. Me pronuncié contraria a la creación de un modelo de ciudad nueva y dispersa, cuando ningún núcleo de nuestra provincia sufre congestión y por el contrario requieren actuaciones de mantenimiento, remodelación y expansión, así como por otras razones que quedaron expuestas y que forman parte de los más modernos pronunciamientos urbanos a nivel internacional.
El lugar elegido era inadecuado, por el grado de protección ambiental que disfrutaba dada su riqueza ambiental y por supuesto por su contenido y estructura, ya que cuestionábamos inversiones externas, dada la deficiente accesibilidad del territorio.
Por otra parte no acababa de comprender en abstracto , la configuración y el contenido de los “campus” definidos, tanto institucionales, como docentes e investigadores y empresariales. Entendía que se podía hacer de Soria la Ciudad del Medioambiente, canalizando la inversión a los núcleos preexistentes, a una puesta en valor de nuestros recursos, a mejorar nuestra competitividad territorial y a generar un desarrollo sostenible que tuviera sus efectos sobre el medio natural, pero también sobre el humano.
Me mantengo en aquellos principios y también la sociedad soriana, igual que se solicita para el Gobierno Central respecto de las infraestructuras, debería conocer con precisión, la elección de esta política autonómica frente a otras necesidades, la rentabilidad social, natural y económica que han tenido las inversiones realizadas hasta el momento, caso de la conexión peatonal Soria-Garray; la función y la sostenibilidad futura de la cúpula de la energía, la configuración de un “parque temático”en un entorno natural de primera línea y que actividades productivas con continuidad y efectos en cadena, se van a desarrollar en un futuro. Asimismo nos debería preocupar que en la propuesta de Agenda para la Población de Castilla y León 2010-2020, sometida a opinión y sobre la que nos hemos pronunciado, se considere la despoblación como un tópico, entre otras cosas.
Soria tiene un presente muy comprometido, apenas hemos avanzado en los momentos de bonanza económica y nos vemos afectados por los efectos de la crisis económica, pero queremos y aspiramos a un futuro mejor. Somos deudores de unas políticas públicas eficaces a nivel del Gobierno Central y del Autonómico.
Confiamos, una vez más en ser escuchados y aún en una situación crítica, aspiramos a que las políticas públicas se centren en una estrategia múltiple en la que tengan protagonismo las infraestructuras, la formación de nuestros recursos humanos, el impulso y apoyo hacia el empresario que crea o mantiene empleos dignos y la puesta en valor de nuestros recursos patrimoniales, tanto naturales como histórico artísticos y culturales en general. Aspiramos a la creación del Gran Pacto por el Desarrollo de Soria, en el que estén comprometidos los distintos partidos políticos y la sociedad soriana en general. Sólo así lograremos un mejor futuro.
Mercedes Molina Ibáñez es catedrática de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Heraldo de Soria.Heraldo de soria 18/09/2010.

